Un contacto magnético de puerta o ventana es de los sensores más baratos y de los más útiles si se usa con intención. No es una alarma por sí solo ni sustituye una buena cerradura. Es un bit de estado: abierto o cerrado. Con ese bit se apaga la climatización si alguien deja el balcón abierto, se avisa de que la puerta del trastero no se cerró o se evita armar una rutina de ausencia con la entrada entreabierta. Esta guía cubre colocación, limitaciones y automatizaciones que sí se mantienen en el tiempo.
Qué mide (y qué no)
El sensor típico es un reed y un imán. Cuando se separan, el circuito cambia. No sabe si entró una persona o el viento. No distingue entre «entornado» y «abierto del todo» salvo modelos de varios imanes o de inclinación para ventanas oscilobatientes. Tampoco sustituye al detector de movimiento en el pasillo: son capas distintas. El movimiento cuenta presencia aproximada; el contacto cuenta geometría de hueco. Combinarlos reduce falsas alarmas y automatizaciones a destiempo, un tema hermano de los errores al instalar PIR.
Dónde rinden más
- Puerta de entrada. Estado para rutinas de salida, avisos si queda abierta de noche, y condición para no simular ocupación con la puerta mal cerrada.
- Ventanas de dormitorio y salón. Cortar calefacción o aire si el hueco lleva abierto más de unos minutos. El ahorro real depende de hábitos; el sensor solo lo hace posible, como recuerdan los criterios de ahorro de termostatos.
- Trastero, garaje y acceso a patio. Avisos discretos, no sirenas a las tres de la madrugada por un gato.
- Puertas de armario técnico. Menos glamour, muy útil si hay niños o si el cuadro no debe quedar abierto.

Colocación: madera, PVC y metal
En madera y PVC la instalación es sencilla: hoja e imán alineados, holgura según ficha, lejos de la manilla que golpea. En aluminio y hierro el marco puede apantallar o desviar el campo: hay que probar con cinta antes de taladrar y, a veces, usar soportes que separan el imán. En oscilobatientes, un contacto en el canto de cierre no detecta la posición de ventilación; ahí conviene un sensor de inclinación o dos puntos. Pinta y gomas gruesas cambian la distancia con el tiempo: un sensor que hoy cierra bien puede «flotar» el verano siguiente.
Batería, protocolo y densidad
Son dispositivos de muy bajo tráfico: un evento al abrir y otro al cerrar. Zigbee y Z-Wave les sientan bien. Wi-Fi les sienta mal por consumo. No hace falta un sensor en cada hoja de un armario de cocina. Prioriza huecos al exterior y puertas de paso de seguridad. El coordinador debe estar dentro de alcance o con malla; un trastero de planta baja con paredes gruesas es candidato a un enchufe enrutador cerca, no a un sensor huérfano.
Automatizaciones que merecen la pena
Menos es más. Un aviso al móvil si la puerta de calle lleva abierta diez minutos. Un corte de clima por zona. Una condición «todas las ventanas de la fachada sur cerradas» antes de armar la simulación de ausencia. Las rutinas de ausencia ganan credibilidad si no se disparan con el balcón abierto de par en par. En accesos, el contacto complementa a la cerradura conectada: una cierra con criterio; el otro confirma el estado físico. No mezcles sirena de alarma profesional con un sensor de 15 euros sin entender el alcance legal y de falsos positivos.
Un sensor de apertura no es vigilancia: es un recordatorio honesto de que la casa tiene huecos, y de que la climatización no puede ganar a una ventana abierta.
Falsos positivos y olvidos
Puertas que se mueven con la corriente, imanes que se despegan del PVC en calor, y marcos recién pintados son causas típicas. También lo es un umbral demasiado sensible en notificaciones: si avisa cada vez que sales a bajar la basura, acabarás silenciando el sensor. Retrasa el aviso, filtra por modo casa/fuera y no uses el mismo canal para «puerta del baño» que para «portal». El mantenimiento es una pila cada uno o dos años y un paño en la carcasa; entra en la ronda de sensores junto con PIR e inundación.
Empieza por tres huecos, no por veinte
Entrada, una ventana de prueba y el acceso que más miedo da olvidar. Vive con ellos dos semanas. Si el aviso sirve, replica el patrón. Si solo genera ruido, cambia la regla, no compres más hardware. El contacto magnético es discreto, barato y honesto: o el hueco está cerrado o no lo está. Usado con esa modestia, se convierte en una de las piezas más rentables del inventario. Usado como alarma improvisada en un piso con corrientes, se convierte en la razón por la que la familia desactiva «toda esa historia de sensores».





