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Cómo pedir presupuesto a un electricista (y compararlo de verdad)

12 de agosto de 2026

Cómo pedir presupuesto a un electricista (y compararlo de verdad)

Pedir tres presupuestos y quedarse con el más barato es el método más habitual… y el que más obras a medias deja. En electricidad doméstica el precio bajo suele ocultar un alcance distinto: no se cambia el cuadro, no se tira la línea de la inducción, no se legaliza, no se incluye el protector de sobretensiones. Comparar de verdad exige un mismo listado de partidas, una visita al cuadro y por escrito qué queda fuera. Este artículo es esa lista, pensada para quien reforma cocina, refuerza la vivienda o quiere dejar de convivir con palancas que saltan.

Antes de llamar: un dossier de diez minutos

Fotografías del cuadro abierto (con la tapa, sin meter las manos en bornes), de cajas de mecanismos si se van a tocar, y una nota de qué se quiere: «inducción nueva», «más enchufes en salón», «punto de recarga», «que deje de saltar el diferencial con lluvia». Metros aproximados de la vivienda y si es piso o unifamiliar. Ese paquete evita visitas a ciegas y presupuestos genéricos de «punto de luz a 80 euros» que no aplican a tu pared. Encaja con documentar la casa y con saber si la instalación es antigua de verdad.

Cuaderno y metro junto a un cuadro eléctrico doméstico
Sin inventario de circuitos y usos, el presupuesto es una cifra, no un plan.

Qué tiene que aparecer por escrito

  • Alcance: circuitos nuevos, sustitución de cuadro, mecanismos, canaleta o roza, legalización si procede.
  • Materiales: sección de cable, calibre de PIAs y diferenciales, si hay protector de sobretensiones.
  • Mano de obra y lo que no está incluido (pintura, albañilería, andamio, horarios de comunidad).
  • Plazo, forma de pago y qué ocurre si al abrir aparecen cables de aluminio o sin tierra.
  • Si el precio es cerrado o «sobre medición», y quién decide el extra.

Un presupuesto de tres líneas («cambio de cuadro, 900 €») no se puede comparar con otro de dos páginas. Pide el mismo desglose a todos. Si uno incluye ampliar el cuadro y el otro solo sustituye palancas, no estás comprando el mismo trabajo. El criterio es el de un proyecto por fases: primero seguridad, después potencia, después comodidad.

El presupuesto más barato suele ser el que no ha contado el cable que falta; el más caro, a veces, el que sí.

Preguntas que separan a un profesional de un «lo dejo funcionando»

¿Vas a medir aislamiento y tierra? ¿El diferencial de baños y exterior irá separado? ¿La inducción lleva circuito propio con la sección que toca? ¿Hace falta subir potencia contratada o basta con repartir usos? ¿Quién gestiona boletín o certificado si la compañía o la comunidad lo piden? Quien se incomoda con estas preguntas suele trabajar a ojo. Quien las responde con matices —«depende de la acometida, lo vemos en visita»— está en el terreno correcto.

Cómo comparar sin obsesionarse con el total

Ordena las partidas en una tabla: cuadro, cocina, baños, salón, exterior, recarga, imprevistos. Marca qué oferta las incluye. El total solo se mira al final. Un 20 % más caro que deja la cocina legal y el jardín con tomas estancas sale más barato que rehacer en seis meses. Pide referencias de viviendas similares, no de naves industriales. Acuerda una retención pequeña hasta prueba de diferenciales y etiquetado del cuadro.

Desconfía del «todo incluido» sin lista. Desconfía también del presupuesto inflado en mecanismos de diseño cuando el cable sigue siendo el de 1985. El valor está en sección, protecciones y trazado, no en la tapa blanca del interruptor. Si dos ofertas distan un 40 %, casi siempre el alcance es distinto: una legaliza y la otra no, una pica rozas y la otra solo canaleta vista. Iguala primero, luego negocia. Un electricista que visita, abre el cuadro y pregunta cómo se cocina y si hay coche eléctrico está presupuestando una casa; el que cotiza por WhatsApp sin fotos está presupuestando un deseo.

Después de aceptar

Guarda el presupuesto firmado, las fotos del «antes» y el esquema si lo hay. Al terminar, etiquetas, prueba del botón de test y una nota de lo que se dejó pendiente. Eso alimenta la revisión periódica y evita el «ya no me acuerdo qué palanca es el termo». Pedir presupuesto bien es la parte menos eléctrica y más decisiva de una reforma: define el alcance antes de que alguien pique la primera roza.

Si durante la obra aparece un imprevisto —cable sin tierra, caja sin profundidad para un interruptor conectado, acometida justa— pide un escrito de extra antes de autorizar. Los extras orales se convierten en discusiones. Un buen profesional prefiere parar media hora y explicar la opción: reforzar ahora o dejar un riesgo documentado. Esa conversación, incómoda, vale más que un descuento de última hora. Comparar presupuestos con el mismo alcance es, en el fondo, la única forma de que el precio signifique algo. Sin esa igualdad de partidas, el número más bajo no es un ahorro: es una apuesta.