Proyectos y compra

Reforma de cocina: checklist eléctrico antes de alicatar

17 de abril de 2026

Reforma de cocina: checklist eléctrico antes de alicatar

La reforma de cocina tiene un instante irreversible: el alicatado. A partir de ahí, cada caja mal puesta, cada toma olvidada tras el frigorífico y cada circuito que debía ser independiente se convierte en picar, manchar y discutir. El checklist eléctrico no es un capricho de instalador: es la lista de decisiones que hay que firmar con el plano de muebles encima de la mesa, antes de que el alicatador cierre las rozas. Este texto enumera esas decisiones con criterio de vivienda española, sin marcas y sin el mito de que «ya se tira un alargador detrás del mueble».

El error habitual es elegir encimera, electrodomésticos y color de junta, y dejar la electricidad para «cuando esté el mueblista». El mueblista llega cuando las cajas ya están de obra, a 20 cm de donde deberían, y el horno no cabe con su toma. Quien pida trabajo fuera debería saber cómo pedir presupuesto a un electricista: por circuitos, por puntos y por lo que queda visto en el cuadro, no por «dejar la cocina con luz».

Por qué el alicatado cierra la puerta

En una cocina las canalizaciones van bajo enfoscado y bajo cerámica. Un punto de luz bajo mueble, una toma de encimera o la línea de la inducción no se «ajustan un poco» después sin romper pieza. Las cajas de mecanismos deben coincidir con el hueco del mueble, con el zócalo y con la altura de encimera real, no con la de un catálogo genérico. Si el frigorífico americano pide agua y un enchufe trasero accesible, esa accesibilidad se construye ahora: un hueco, una trampa, una toma a la altura correcta, no un ladrillo de aparato contra un cable aplastado.

También se cierra la posibilidad de añadir un circuito. Extraer una línea nueva desde el cuadro hasta la cocina en una vivienda ya alicatada y con suelo puesto es otro presupuesto. Si el cuadro está lejos o saturado, esa limitación se declara antes, no el día de la inducción. El alicatado no es solo estética: es el sello de que el esquema eléctrico de la estancia está, para bien o para mal, congelado.

Cajas de mecanismos abiertas en una cocina en reforma
El alicatado cierra la instalación: las cajas se deciden en el plano, no cuando llega el mueble.

Circuitos que una cocina pide de verdad

Una cocina actual no vive de un único magnetotérmico de tomas. La placa de inducción o vitro pide circuito independiente de alta potencia. El horno, otro. Lavavajillas y lavadora, si están ahí, circuitos propios o al menos no compartidos con la placa. El termo, si vive en un armario de cocina, no se cuelga de las tomas de encimera. Las tomas auxiliares (tostadora, cafetera, robot, batidora) van a un circuito de tomas de 2,5 mm², con suficientes puntos para no encadenar ladrones sobre la piedra. El alumbrado —techo, bajo mueble, campana— va a su línea de 1,5 mm².

Esa separación no es burocracia: es selectividad y térmica. El criterio está desarrollado en circuitos de alta potencia en el hogar y en la sección del cable en vivienda. Copiar el esquema de un piso de 1985, con un único PIA para toda la cocina, es aceptar que el horno y la placa coincidan en un disparo. En reformas, el coste de tirar las líneas extra mientras las paredes están abiertas es pequeño frente a reabrir. El cuadro debe tener hueco, etiquetas y un diferencial que no deje la casa a oscuras por un calentador de agua de la fregadera.

Alturas, cajas y el plano de muebles

Se trabaja con el plano acotado: altura de encimera, grosor, zócalo, columnas de horno, campana, isla si la hay. Las tomas de encimera no van en la zona de agua ni detrás de la placa; van en laterales de encimera, en frente de cajón técnico o en una columna, a una distancia razonable de grifos. Las normas de volúmenes junto al fregadero existen por algo: el agua y la toma no se cortejan. Detrás del frigorífico y del horno hace falta toma accesible o caja con seccionamiento, no un enchufe irrecuperable.

Los interruptores de luz de techo se colocan al entrar, no detrás de la futura puerta abierta. El bajo mueble se alimenta desde cajas visitables, no desde un empalme en el hueco que nadie volverá a ver. Si hay isla, el suelo debe llevar las canalizaciones antes del solado: electricidad, y a veces agua y desagüe. Improvisar la isla con una canaleta por el aire es el arrepentimiento más fotogénico. Cada caja lleva su tapa de obra hasta el alicatado; después, el mecanismo definitivo, con grado de protección coherente cerca de zonas húmedas.

Inducción, horno, lavavajillas y campana

La placa se conecta según su potencia y su esquema (monofásica habitual, a veces dos fases en trifásica). No se «deja un enchufe de 16 A por si acaso» para una inducción de 7 kW. El horno, igual: línea propia, seccionamiento claro. El lavavajillas prefiere toma accesible fuera del vano, para poder desenchufar sin extraer el mueble. La campana puede ser a recirculación (menos obra) o a extracción (conducto); eléctricamente pide punto de luz y, si lleva motor potente, no compartir caprichos con la placa. El microondas de columna pide toma dedicada a su altura.

La cocina conectada —enchufes USB, concentradores, pequeños electrodomésticos con red— añade densidad de bases en encimera y la tentación de tiras y ladrones. El texto de enchufes y seguridad en la cocina conectada cubre esa capa. Aquí basta una regla: cada aparato de uso diario tiene un sitio pensado; el resto se guarda. Una encimera con cinco regletas es un fallo de plano, no de hábitos.

Iluminación de trabajo, no solo de techo

Un punto central de techo deja a quien cocina a contraluz, con la sombra del cuerpo sobre el cuchillo. Hace falta luz de encimera: bajo mueble alto, bien apantallada, con temperatura que no convierta el tomate en marrón. El fregadero y la zona de inducción merecen haz específico. La campana no siempre ilumina bien la placa. Regular o conmutar techo y encimera por separado evita el comedor-cocina a plena potencia a las diez de la noche. El circuito es de alumbrado; los drivers van accesibles, no empotrados tras el azulejo.

Si hay comedor en la misma estancia, se piensa una escena más cálida y de menos lumen, independiente de la de trabajo. No es capricho: es no cenar bajo un quirófano. Esos puntos se marcan ahora, con cajas y retornos, no con una tira adhesiva el último viernes.

  • Alicatar sin plano de muebles acotado y sin cajas definitivas.
  • Dejar la inducción y el horno en el circuito de tomas general.
  • Tomas detrás de aparatos irrecuperables, sin seccionamiento.
  • Olvidar la isla o el fregadero de península hasta el solado puesto.
  • Un único punto de techo como única luz de trabajo.
  • Encadenar ladrones en encimera «porque ya no se puede picar».
Antes del alicatado se cierran circuitos, alturas y cajas; después solo se decoran los errores.

Lista corta para firmar con el instalador

Cuadro con hueco y etiquetas; circuitos independientes de placa, horno y lavado; tomas de encimera fuera de volúmenes de agua; tomas traseras accesibles; alumbrado de techo y de trabajo separados; campana y microondas con punto propio; previsión de isla si existe; diferencial y secciones coherentes; prueba de todos los circuitos antes del alicatador, no después del mueblista. Se fotografían cajas abiertas y se guardan. Si algo no encaja con el plano de cocina, se mueve ahora. El azulejo no es el momento de la creatividad eléctrica. Es el momento de la certeza.

Quien reforme solo el frente de muebles y herede el cableado de los ochenta debería al menos abrir el cuadro, contar PIAs y no instalar una inducción de alta potencia sobre un milagro. A veces la reforma honesta incluye una línea nueva y un módulo más; a veces incluye decir que esa placa no cabe en esa vivienda sin tocar acometida o potencia. Mejor esa frase con las paredes abiertas que con la encimera ya pegada.