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Sección de cable en vivienda: 1,5, 2,5, 4 y 6 mm²

26 de junio de 2026

Sección de cable en vivienda: 1,5, 2,5, 4 y 6 mm²

La sección del cable es el dato más aburrido y el más decisivo de una vivienda. Un milímetro cuadrado de más o de menos no se ve con la tapa del mecanismo puesta, pero determina cuánta corriente puede circular sin calentar el aislamiento hasta degradarlo. El magnetotérmico del cuadro no «inventa» sección: la protege, si está bien elegido. Subir la palanca porque salta, dejando el mismo hilo de 1,5 mm², es el error de aficionado que más se parece a una solución. Este artículo fija el mapa habitual de 1,5, 2,5, 4 y 6 mm² en viviendas españolas y, sobre todo, qué no se improvisa.

El mapa no sustituye al proyecto ni a la tabla de aforos de un instalador: longitudes, agrupaciones en tubo, temperatura del recinto y tipo de aislamiento desplazan los números. Sirve para hablar con criterio, para no comprar rollo de 1,5 mm² «para todo» y para entender por qué una inducción o un punto de recarga no salen de una caja de enchufes del pasillo. Encaja con cómo se lee el cuadro: cada PIA debería corresponder a un circuito con su sección.

Qué significa la sección en la práctica

La sección es la superficie de cobre (o aluminio, en acometidas) del conductor. A más sección, menos resistencia, menos caída de tensión y más capacidad de corriente para un mismo criterio de calentamiento. El aislamiento, el tubo y los vecinos de canalización ponen el límite real. Un cable corto al aire no se comporta como cinco circuitos apelotonados en un tubo empotrado de 20 metros. Por eso dos viviendas con «2,5 mm² en tomas» no son iguales si una tiene el salón a dos metros del cuadro y la otra arrastra la línea hasta un estudio en el desván.

El color y el marcado de la vaina ayudan, pero en instalaciones antiguas el criterio es la medición y la prudencia, no el recuerdo de quien «cableó en su día». Un conductor pintado o un empalme escondido en una caja de registro pueden dejar un tramo más fino de lo que sugiere el tramo visible. Quien añade domótica o un enchufe inteligente en esa línea hereda la sección: las buenas prácticas eléctricas en casa conectada empiezan por no pedir a un hilo viejo lo que no puede dar.

Cortes de cable de distinta sección sobre una superficie de trabajo
La sección protege el aislamiento; el magnetotérmico solo protege si coincide con ese cable.

1,5 mm²: iluminación, no tomas de plancha

El circuito de alumbrado residencial se diseña, de forma típica, con 1,5 mm² y un magnetotérmico de 10 A. Las lámparas actuales, sobre todo LED, consumen poco; el circuito sigue existiendo separado para selectividad, para no mezclar fallos de un aplique con el salón entero, y porque la normativa de vivienda tipo así lo plantea. Usar 1,5 mm² para una toma de lavadora, un horno o un radiador eléctrico es fuera de mapa. Usarlo para un punto de luz, un detector o un extractor pequeño entra en lo esperado, con las salvedades de longitud y de carga real.

El abuso clásico es «como las bombillas gastan poco, saco un enchufe del punto de luz». Ese enchufe acaba con un cargador, luego con un palo de fregar eléctrico, luego con un calefactor. El cable sigue siendo de iluminación. El interruptor de la lámpara no está pensado como seccionamiento de una carga de 2000 W. Si se necesita una toma, se tira una línea de tomas de 2,5 mm², no se recicla el techo.

2,5 mm²: tomas de corriente de uso general

Las bases de enchufe de uso general se cablean, en el esquema tipo, con 2,5 mm² y protección de 16 A, con un número limitado de puntos por circuito y con circuitos distintos para cocina, baños o zonas según el diseño. Ese 2,5 mm² aguanta el uso doméstico normal: lámpara de pie, ordenador, aspiradora, televisión, nevera en muchos pisos antiguos que no le dieron línea propia. No aguanta, como si nada, la suma simultánea de horno portátil, freidora, calefactor y lavavajillas en la misma línea de office.

Repartir tomas en varios circuitos no es lujo: es no concentrar el pico. Una reforma de salón con doce bases nuevas en un solo 2,5 mm² «porque queda más limpio el cuadro» empuja el problema al futuro. Mejor dos circuitos de tomas que un único árbol saturado. El electrodoméstico fijo de potencia, en cambio, se sale de este saco y pasa a 4 o 6 mm².

4 y 6 mm²: cocina, termo, horno y recarga

Horno, placa, lavadora y lavavajillas en cocina, termo eléctrico y, cada vez más, el punto de recarga del vehículo piden secciones mayores y circuitos independientes. El 4 mm² aparece en varios de esos usos según potencia y longitud; el 6 mm² entra cuando la corriente de diseño sube o el recorrido se alarga. El detalle numérico exacto lo fija el instalador con la potencia del aparato y las tablas; el criterio del usuario es no alimentar una inducción desde una toma de 2,5 mm² del fregadero ni un cargador de coche desde el enchufe del garaje «que ya estaba».

Estos circuitos son el núcleo de la guía de alta potencia en el hogar. Traen magnetotérmicos de calibre superior, a veces diferenciales específicos, y ocupan hueco en el cuadro. Si el riel no da más de sí, el problema deja de ser el rollo de cable y pasa a ser ampliar el cuadro. Añadir un 6 mm² a un armario de 12 módulos llenos es un proyecto, no un recado de ferretería.

  • Sustituir solo el magnetotérmico por uno de más amperios sin cambiar el cable.
  • Sacar tomas de un circuito de iluminación de 1,5 mm².
  • Alimentar placa, horno o termo desde una línea de enchufes general.
  • Usar 1,5 mm² «porque es más fácil de doblar» en una línea de 16 A.
  • Empalmar secciones distintas escondidas en una caja sin documentarlo.
  • Ignorar la longitud: 2,5 mm² en 40 metros no es lo mismo que en 4 metros.
El magnetotérmico protege el cable, no al revés: si la palanca es más gorda que el cobre, el aislamiento pierde la partida.

El error de «subir solo el automático»

Cuando un circuito dispara, hay tres familias de causa: sobrecarga real (demasiados vatios), defecto (humedad, aislamiento, aparato), o un magnetotérmico cansado o mal calibrado. La respuesta amateur más habitual es comprar un automático de 20 A para una línea que se diseñó a 10 o 16 A. El cable sigue siendo el eslabón débil: no dispara a tiempo y se calienta. Esa intervención, además, puede invalidar el criterio con el que se legalizó o se diseñó la vivienda. El profesional mira primero qué carga hay, qué sección hay y si el disparo es térmico, magnético o diferencial.

Hay casos en los que el automático está subdimensionado respecto a un cable ya grueso, o en los que un tipo C o D se elige mal para una carga con arranque. Eso lo diagnostica quien mide, no quien sustituye palancas por color. El aficionado razonable deja el calibre, desconecta cargas, reparte usos y llama si el problema persiste. No «mejora» la instalación subiendo amperios como quien sube el volumen.

Cuándo es reforma y cuándo es conversación

Cambiar un mecanismo equivalente, con el circuito cortado, no exige recablear la casa. Tirar una línea nueva de 4 o 6 mm², abrir rozas, tocar el cuadro y coordinar protecciones sí. La frontera está en no mezclar: no se «refuerza» un 1,5 mm² con un empalme a 2,5 mm² a mitad de tubo y se declara el circuito como de tomas. O se recorre entero, o se deja como está y se usa acorde. Documentar qué sección hay en cada PIA, aunque sea una nota en la tapa, evita que el siguiente inquilino repita el error de la palanca gorda.

La sección no es un fetiche de instalador: es la diferencia entre una vivienda que admite inducción, termo y recarga con orden, y una vivienda que salta, huele o calienta las cajas. 1,5 para alumbrar, 2,5 para enchufar lo cotidiano, 4 y 6 para lo que tira de verdad. El resto es proyecto, no inventiva de fin de semana.